El SIDA Salvó Mi Vida
Un testimonio de Daniel Rodgers


Mis padres me adoptaron cuando yo tenía cuatro meses y medio. El plan de Dios fue perfecto en todo detalle puesto que él sabía lo que me esperaba por delante. Me dio padres amorosos y piadosos los cuales me enseñaron y nutrieron con la Palabra de Dios. Asistí a un colegio cristiano durante 12 años y luego fui a una universidad cristiana. Era activo en la iglesia, cantaba en el coro e incluso enseñé en la escuela dominical durante un tiempo. Sin embargo, el propósito de este testimonio es contarte algo de la esclavitud del pecado bajo la cual estuve la mayor parte de mi vida y cómo Dios ahora me está sanando.

Desde pequeño me rebelé contra Dios. No me importaban las reglas y restricciones que yo había concluido era el "cristianismo". Recuerdo que vivía siempre muy amar-gado y tuve muchas luchas a principios de la adolescencia. Luchaba contra la idea de haber sido adoptado; sentía como que no encajaba en ninguna parte y me creía rechazado por mi madre natural. Mi padre tenía un ministerio muy ocupado y exigente, lo que raras veces me incluía a mí. Además él era de tipo atlético, y yo era de temperamento artístico, y no me interesaban ni era bueno para los deportes. Parecía que nuestras personalidades chocaban y que no teníamos nada en común. Me enojé con Dios. Le dije que si servirle quería decir soportar el dolor que yo sentía, nunca le serviría.

Con el paso de los años me alejé más de Dios, aun cuando seguí fingiendo ser "cristiano". Cuando tenía 12 años mi padre recibió un sabático de nueve meses y nos mudamos a la Florida. Papá y yo construimos una canoa, y también hicimos un pesebre en la Navidad. Andábamos en bicicleta como familia, pasábamos juntos los días feriados, y consideramos ese tiempo como uno de los mejores en nuestra vida familiar. Sin embargo, fue durante ese tiempo especial en Florida que Satanás ganó una victoria: me violaron sexualmente en dos ocasiones: una vez en un baño público, y otra vez en un probador de ropa en un almacén. Recuerdo que me sentía sucio. Tenía miedo de decírselo a mis padres. Pensaba que se enojarían y que me castigarían. Por años, le eché la culpa a Dios. ¿Cómo pudo él tomar mi inocencia y pervertirla? No me daba cuenta de que Dios tenía un plan para mi vida, y que Satanás también tenía un plan para destruirla, de modo que nunca sirviera a Dios o que sirviera para algo. En los próximos 15 años esta experiencia me llevó a buscar sexualmente a los varones para satisfacer mis necesidades emocionales. Nunca les conté a mis padres lo que había ocurrido, sino hasta muchos años después, de adulto. Para cuando cumplí los 18 años estaba convencido de que era homosexual y que nada, ni Dios, podría cambiar eso.

Cuando tenía 21 años y estaba en el segundo semestre de mi tercer año de estudios, tomé una decisión equivocada que puso al descubierto mi homosexualidad ante la administración y mis padres. Como resultado me expulsaron de la universidad. Mis padres me llevaron a ver a un consejero, pero a esas alturas un fracaso parecía llevar a otro. Entablé relaciones que poco a poco me destruían. Después de mucha deliberación, mis padres me pidieron que retirara mi membresía de la iglesia, lo cual yo sabía que era lo que se debía hacer, según la Biblia.

Antes de que pasara mucho tiempo, perdí todo el respeto propio y en los siguientes 12 años viví desenfrenadamente. Vivía siempre en el precipicio, incluyendo la promiscuidad, las drogas y el alcohol. Era irresponsable con mi dinero y me endeudé mucho. Era tanta la falta de control que constantemente cambiaba mi domicilio y las relaciones. En 10 años me mudé 10 veces tratando de lograr un "cambio" de vida.

Lo más sorprendente de todos esos años fue la fidelidad de Dios hacia mí. Aunque estaba lejos de él, me hacía acordar frecuentemente de su presencia en mi vida. En varias ocasiones conocí a creyentes que me daban testimonio. Asimismo, algún programa radial, una rara visita a la iglesia, o aún pensamientos de Dios me venían a la mente. El Espíritu Santo me hacía recordar quién era yo y cuánto estaba ofendiendo a Cristo. La culpa era demasiada, y yo continuaba enterrándola al vivir desenfrenadamente. De vez en cuando recordaba un versículo de Romanos 1 que dice que Dios entregará a la gente a sus propias perversidades. Eso me atemorizaba, y entonces clamaba a Dios, pidiéndole que por favor no se olvidara de mí. No quería perder mi alma y pasar la eternidad separado de Dios. Pero, aun así, no podía dar la espada a mi pecado. Estaba encadenado y sentía que no había escape.

Entonces un día me puse a pensar en mi condición espiritual y decidí orar a Dios. Le dije que sentía que ya no había nada que hacer, que nunca podría cambiar. Le rogué que en su misericordia hiciera algo para hacerme volver a él; y di un paso más. Le dije a Dios que si él tuviera que usar la enfermedad del "SIDA" para llamarme la atención, yo estaba dispuesto a aceptar las consecuencias de mi pecado. Un año después me diagnosticaron que estaba infectado con el virus que causa el SIDA. Al recibir la noticia no hubo nada de histeria ni arranques emotivos. Todo lo que pude pensar era que iba a morir. Durante el año que siguió me encontré en el hospital cuatro veces. Aun cuando todavía no volvía a Cristo, Dios fue magnánimo y paciente. En mi última estadía en el hospital, el Espíritu Santo empezó a hablarme. Me di cuenta de que me quedaba poco tiempo. No quería morir sin haber hecho algo para Dios. Clamé a Cristo en mi cama del hospital, y le pedí perdón por haber desperdiciado mi vida. Le agradecí por preservarme la vida aun cuando no lo merecía. Le dije que abandonaría mi inmoralidad y me entregaría a él, y ya no le desobedecería más. Cristo me dijo: "Si me amas, guardarás mis mandamientos". Tal vez jamás tendría oportunidades de servir porque pronto mi vida terminaría, pero sí podría, por fe, obedecerle. El domingo siguiente fui a la iglesia e hice profesión pública de mi entrega a Dios. El Espíritu Santo me impulsaba, y no me atreví a postergarlo. Decidí dejar mis amigos y mi casa y volver al hogar donde sabía que estaría seguro y crecería espiritualmente. Desde ese entonces, Dios ha realizado un milagro tras otro en mi vida. El me ha dado tanta paz. Mediante la lectura de la Biblia y la oración me ha dado una nueva perspectiva de la vida. Limpió mi vocabulario, me devolvió el respeto propio; pero ¡el milagro más grande es que él me ha librado del deseo de vivir inmoralmente! ¡Alabado sea Dios! ¡Jamás creí que podría ser librado de la homosexualidad y de la esclavitud del pecado! Si sólo le hubiera obedecido a Dios cuando fui joven, imagínense lo que mi vida podría haber sido.

Una de las tragedias en los días de Cristo era la manera en que los líderes religiosos del judaísmo anulaban el significado de la Palabra de Dios. Al hablar de estos mismos líderes, Jesús dijo: "Habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición" (Mateo 15:6). Una tragedia moderna es que algunos líderes religiosos han racionalizado la enseñanza de la Palabra de Dios en relación a la homosexualidad. Si se puede leer Levítico 18:22, Génesis 19 y Romanos 1:26-32, y después llamarse a la homosexualidad simplemente "la alternativa estilo de vida que no se debe juzgar", se anula la poderosa enseñanza de la Palabra de Dios.

Las siguientes citas de la correspondencia de Daniel ilustran la esclavitud de la cual habló en su testimonio. Que su franqueza te ayude a entender la desesperación de muchos homosexuales y el poder de la redención de Dios.

Febrero de 1983 - Siempre he encontrado que los momentos más felices de mi vida fueron cuando estaba sirviendo al Señor activamente de alguna manera...Ahora me siento tan lejos de Dios...No pasa ni un día sin que piense en el Señor y anhelo gozar de su compañerismo de nuevo, pero estoy tan débil y soy un gran fracaso como creyente. A veces parece más fácil ir por el camino de la carne y olvidarme totalmente de Dios. Pero no puedo creer que Dios me puso en un hogar e iglesia y escuela cristianos con una dirección bíblica y con talentos, sólo para botarlo todo y quemarme en el infierno algún día.

Septiembre de 1985 - Aunque puedas tener una idea de lo que estoy atravesando, no puedes realmente comprender lo que siento adentro o especialmente cómo me siento en cuanto a mi mismo...Estoy muy turbado, ansioso, deprimido y sobre todo, me siento muy vacío por adentro. (Daniel intentó suicidarse.)

Noviembre de 1985 - Sé que debo darle todo a Dios y permitirle que se haga cargo de todo, pero supongo que me falta la fe para hacer eso. Siempre pienso de cuán difícil o imposible me sería cambiar. A veces pienso que este es mi destino, y que no puedo hacer nada para cambiar mi vida.

Marzo de 1986 - Quiero una vida que me asegure cuando muera que no todo ha sido en vano. Quiero saber que las personas a quienes he contactado encontrarán que sus vidas han cambiado por la influencia de mi vida.

Este folleto es el cumplimiento del deseo de Daniel de hacer un impacto en la vida de otros aun después de la muerte.

El 4 de agosto de 1992 ¡Daniel entró en la presencia eterna de su Salvador, libre no solamente de la pena y el poder del pecado, sino de la misma presencia de éste!

— Pastor Lynn E. Rogers y Señora (padres de Daniel)

Fue el deseo de Daniel que a través del poder del evangelio de Jesucristo, otros conocieran la libertad de esclavitud del pecado. Amigo, Jesús murió para pagar por tus pecados, y resucitó de entre los muertos para darte la vida eterna. ¿Le has recibido como tu Salvador? La Palabra de Dios te invita a hacerlo hoy:

"Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios". Romanos 3:23

"Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros". Romanos 5:8

"Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo". Romanos 10:9

Esta oración puede expresar el deseo de tu corazón para ser salvo: "Gracias, Dios, por amarme y por enviar a tu hijo a morir por mis pecados. Sé que no me puedo salvar a mí mismo, y ahora me arrepiento de mis pecados, y le entrego mi vida a Cristo, sabiendo que él promete darme la vida eterna. Gracias por perdonarme y salvarme. Amén".

Por favor, avísanos si has puesto tu confianza en Cristo para que te podamos enviar literatura que te ayudará a crecer espiritualmente.

Editorial Bautista Independiente
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Last update July 22, 2003
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