Cuatro razones para estudiar los nombres de Dios (Spanish)

Publicado 23/10/17

Armando Melo

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Bendito tú, oh Señor; enséñame tus estatutos… Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley… ¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación… ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca… Yo soy tu siervo, dame entendimiento para que conozca tus testimonios. (Salmo 119:12, 18, 97, 103, 125).

¿Quién de nosotros no ha sido retado por estos versos para estudiar más las Escrituras? Y bueno… el propósito final es conocer más a su Autor, a Dios mismo. J. I. Packer hablando de este Salmo dice: “lo que anhelaba el salmista era adquirir un conocimiento no teórico sino práctico acerca de Dios. Su anhelo supremo era conocer a Dios mismo y deleitarse en Él, y valorar el conocimiento de Dios simplemente como un medio para ese fin”.

De la misma manera, debemos anhelar cada uno de nosotros conocer más a nuestro Dios y una de las maneras de hacerlo es a través del estudio de los diversos nombres de Dios que aparecen en las Escrituras, por lo tanto, me gustaría proponer cuatro razones por las que deberíamos realizar este estudio:

1. A Dios le importa.

Para Dios es un tema crucial el hablar de su nombre, hay un buen número de pasajes en los que no se menciona un nombre en particular acerca de Dios pero sí hace referencia a la importancia que le daba a este tema, por ejemplo en el Padre Nuestro, el Señor dice “santificado sea tu nombre” (Mt. 6:9) hablando de la adoración y la honra que se debe rendir a Él; en Éxodo 20:7 se ordena a no tomar el nombre de Dios en vano, en Génesis 21:33 vemos que invocar el nombre de Dios es adorarlo a Él, así mismo, no seguir la Ley de Dios es profanar su nombre según Levítico 22:32.

2. Describen su carácter.

En la actualidad, los padres ponen el nombre de sus hijos porque les gusta, porque está de moda, en honor a alguna persona o cualquier otra razón, no obstante, en la Biblia cuando se nombra a una persona o a Dios mismo es con un propósito bien definido: describir el carácter de aquel que está siendo nombrado.

Así, Isaac (risa), nos recuerda cuando Sara se rio de Dios y no creyó en Él, Esaú (velloso) nos describe su condición física. Es exactamente lo mismo cuando vemos y estudiamos los nombres de Dios, ya que así lo conocemos más a Él, se le llama “Elohim” (Gn. 1) mostrándose como el Dios todopoderoso capaz de crear todo de la nada; “El-Olam” (Gn. 21) describiendo a un Dios eterno que no tiene principio ni fin; “El-Elyón” (Dn. 4) como un Dios soberano debajo de quien están todas las cosas y las personas.

3. Dios revela sus nombres.

A diferencia de nosotros que nuestros padres o alguien nos puso el nombre que llevamos, Dios es el que revela sus nombres y se da a conocer por medio de ellos ya sea directa o indirectamente.

En forma directa vemos a Dios dando a conocer su nombre cuando se aparece a Moisés en la zarza como “Yo Soy el que Soy” (Ex. 3:14); cuando Abraham está a punto de sacrificar a Isaac, Dios se revela como “Jehová-Jireh” (Dios proveedor) (Gn. 22:14).

De forma indirecta Dios obró por medio de las circunstancias para que otros le llamaran con algunos de sus nombres como “El-Roi” (El Dios que me ve) (Gn. 16:13) cuando Dios le habló a Hagar antes del nacimiento de Ismael o “Yahveh-Raah” (Jehová es mi Pastor) en medio de las pruebas de David cuando escribió el Salmo 23.

4. El propósito de Dios.

Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza (Gn. 1:26-27) con el objetivo de poder relacionarse con él, no obstante, la caída humana ha estorbado esta relación. La buena noticia es que Dios nos sigue buscando, proveyéndonos información significante respecto a su persona y su plan. Los nombres de Dios forman parte de esta información y por consigueinte nos dirigen a una relación sabia y creciente con él.

Así el nombre “Jehová” (Yo Soy el que Soy), nos habla de su eternidad y autoexistencia; aunado a que se usa en muchísimos casos para mostrar su obra poderosa libertando de la esclavitud y buscando al hombre para relacionarse con Él (Gn. 3:9, 21; Ex. 6:6). “Jehová-Jireh” nos enseña acerca de un Dios proveedor (Gn. 22:14), proporcionando un cordero sustituto para ser sacrificado en lugar de Isaac, lo cual apunta directamente a la obra de Cristo. De Jehová-Maccaddeshcem aprendemos que Él es quien santifica a los suyos para que le sirvan (Ex. 31:13). En Jueces 6, Gedeón es confrontado ante la santidad del Señor y Él le restaura ya que es “Jehová-Shalom”, (el Señor es mi paz).

Si estas razones nos llevan a estudiar los nombres de Dios, tengamos en cuenta que cometeríamos un grave error si este conocimiento permaneciera en nuestras mentes como mera información o peor aún, que solo nos llevara al envanecimiento y orgullo. Si el estudio de Dios y sus nombres no nos lleva a la adoración de Él, a vidas santificadas y a compartir con otros de Él, este conocimiento no logró su objetivo.