Lo Esencial del Evangelio, Parte 2

Publicado 22/09/17

Gary Whipple

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Me gustaría hablar sobre el tema que recibe poco énfasis en la proclamación del evangelio. Ese tema trata del estado y condición del hombre natural y la condenación que le aguarda. Uno podría estar tentado a tomar ligeramente el concepto de pecado y creer que un “Dios de amor” seguramente lo pasaría por alto. Permítanme utilizar una frase de Pablo acerca de esto, “¡En ninguna manera!” (Romanos 3:5-6). Es decir, ¡No lo pienses!

Necesito comenzar abordando el tema de dónde vino el hombre. *Floyd H. Barackman escribiendo sobre la doctrina de Antropología dice: “La Biblia nos da información exclusiva y confiable no sólo sobre Dios sino también sobre nosotros mismos. Ignorando esta revelación, la opinión científica moderna considera al hombre como un tipo más alto de animal, que ha evolucionado a su forma actual durante muchos años. Pero los hechos del origen, la naturaleza y el destino del hombre no pueden ser conocidos aparte de lo que Dios ha revelado en su Palabra”. Creado a su imagen, el hombre refleja dentro de su naturaleza humana esa entidad personal única que encontramos en Dios de ser una persona (Malaquías 2:10). Ser una creación personal directo de Dios le hace al hombre responsable ante él.

Cuando el primer hombre “sobrepasó los límites que Dios estableció, él se volvió culpable” (Santiago 2:10) y se convirtió en un rebelde y ofensor de la infinita santidad de Dios. Por la ofensa de Adán (el pecado), toda la humanidad ha sido colocada bajo la misma condición de ser pecador. Por lo tanto, teológicamente hablando (según I Corintios 2:14) el hombre natural es aquella persona perdida que “… no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. En este sentido, el Sr. Barackman nos dice: “Mientras ellos siguen siendo criaturas humanas y son propiedad de Dios (Salmo 24:1); personas no salvas son producto de Satanás (Juan 8:44) porque su actual condición pecaminosa caída (física, sicológica y espiritual) es el resultado de su actividad engañosa (de Satanás, Génesis 3:1-6; Efesios 2:1-2; Juan 8:44)”. La muerte mencionado en Efesios 2:1 es la condición que describe a aquellos que a pesar que tienen vida física están separados de Dios.

Pero como se ha demostrado, la santidad de Dios que revela el pecado por lo que es, también decreta que el pecado tiene que ser castigado. Cuando Ezequiel 18:20 “El alma que pecare, esa morirá…” y Nahum1:3 “(Dios) no tendrá por inocente al culpable”, se leen junto a Santiago 2:10 la única conclusión a la que se llega es que los culpables serán castigados. Aunque suene duro, este es el mensaje que debe ser declarado. El Pastor Paul Blasko dando su comentario sobre Juan 3:36 nos dijo enfáticamente que, “El juicio divino descansa sobre todas las personas no salvas debido a su pecado”. Esta condenación indica dos cosas: 1) que “Dios está airado contra el impío todos los días” (Salmo 7:11) y 2) cuando una persona no salva muere físicamente su destino eterno será separarse de Dios y sufrir la “muerte segunda” (Apocalipsis 20:14) que debe ser condenada a vivir para siempre en la ausencia de Dios y de todo que es bueno y santo. ¿Qué perspectiva deja para la persona no salva? Debido a su pecado esa persona está separada de Dios y si muere en esa condición su destino ya está fijado. ¡Qué perspectiva tan desolada!

En la Parte 3 voy a presentar la gran mentira que muchos han sostenido en la búsqueda de la salvación.