“Que Prediques la Palabra”… 5 Características de la Predicación Bíblica

Publicado 11/07/18

Bruce Burkholder

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Una de las bendiciones de mi ministerio actual con EBI es que cuando no estoy viajando para predicar y presentar el ministerio de EBI, estoy libre para escuchar la predicación de otros. Con frecuencia Dios ha usado un ministerio tal para señalarme a Cristo, recordarme el poder del Evangelio y retarme hacia la fidelidad y el servicio mayores; sin embargo, debo confesar a una creciente frustración con algunos predicadores debido a la predicación superficial que interpreta y aplica incorrectamente el texto bíblico. Permítame darles un ejemplo.

En un culto reciente el ministro, mientras subía al púlpito, dirigió nuestra atención a Hechos 16:6-10, un texto profundo que documenta el poderoso movimiento del Evangelio mientras Dios milagrosamente desviaba a Pablo y Silas a Macedonia y el continente europeo. Estos cinco versículos, aunque cortos, ofrecen un estilo narrativo acelerado que realza la soberanía de Dios en el cumplimiento de la Gran Comisión. Sin embargo, en ese mensaje, dicha verdad no fue presentada a nosotros. La historia no fue narrada. El texto no fue desarrollado. No hubo una explicación del hilo contextual de pensamiento ni hubo un desarrollo de los profundos temas doctrinales dentro del texto. El predicador no volvió a leer el texto en ningún momento durante el sermón ni siquiera menciónó a otros pasajes de la Escritura. Al contrario, la lectura superficial del texto llegó a ser el trampolín desde el cual el pastor se lanzó al sermón que él quería dar a la congregación. No fue el mensaje que Dios deseaba que la congregación aprendiera del pasaje, sino el mensaje que el pastor había predeterminado predicar, antes de empezar a exponer el texto. De acuerdo, este tal vez sea un ejemplo extremo (por lo menos eso espero), pero de hecho ilustra la tendencia de muchos de predicar acerca de la Biblia, en vez de predicar la Biblia misma.

En 2 Timoteo, Pablo argumenta en contra de este tipo pobre de predicación encargando solemnemente a Timoteo y por aplicación, a todos los siervos del Señor, a “predicar la palabra” (2 Ti. 4:2). El verbo “predicar” se traduce de la palabra griega kerusso, un término que se usaba para describir el papel singular de un mensajero de la realeza (kerux). Asimismo, “la palabra” se refiere a las inspiradas Escrituras. Pablo ya había mencionado que las Escrituras son inspiradas cuatro veces dentro del texto (1 Ti. 1:14; 2:9, 14, 15, 17). Varias características de la predicación surgen de la frase “predica la palabra”:

1. La predicación bíblica es una actividad representativa. Mientras que mensajeros del primer siglo sirvieron a su rey terrenal, predicadores son siervos del Rey de reyes y Señor de señores.

2. La predicación bíblica es la entrega del mensaje divino. A esto se le llama la intención autora. El trabajo del predicador es identificar y claramente comunicar el significado original que el autor quiso comunicar en el texto. ¿Se puede imaginar que un mensajero real del primer siglo tomara libertades con el mensaje del rey como algunos predicadores modernos hacen con la Palabra de Dios en la actualidad? De igual manera como el kerux del primer siglo, los predicadores no deben crear un mensaje singular, sino que deben entregar el mensaje determinado tal como se comunica dentro del texto. A propósito, este es un argumento fuerte por estudios expositivos de libros de la Biblia. Ya que la Biblia fue entregado libro por libro, ¿por qué no ha de ser predicado de la misma manera?

3. La predicación bíblica aclara cualquier duda dentro del texto. Mientras que el mensajero del primer siglo tenía el lujo de hablar a oyentes de la misma historia, la misma cultura y el mismo idioma del mensaje, los lectores contemporáneos de hoy están separados del mundo original del texto bíblico por varios siglos y potencialmente miles de kilómetros. Así como Nehemías expuso el texto a los judíos que regresaban del exilio dando el sentido de cada palabra, y así causando que los oyentes entendieran el mensaje (Nehemías 8:1-8), de la misma manera los predicadores de hoy deben, cuando sea necesario, explicar la historia, gramática, sintaxis y el vocabulario del texto. Debe aclarar cualquier sección difícil o confusa, para que el oyente moderno pueda entender claramente el mensaje.

4. La predicación bíblica es aplicable a las necesidades de la congregación. Después del mandato de “predicar la palabra” in 2 Timoteo 4:2, Pablo añade que dentro de dicha actividad el predicador debe “redargüir, reprender y exhortar”. Estos son verbos de aplicación y ánimo. El predicador es más que un diccionario o comentario. Es un puente que une el mensaje del autor original con las necesidades y oportunidades del oyente. El resultado esperado es arrepentimiento y obediencia.

5. La predicación bíblica tendrá que rendir cuentas. El primer kerux del primer siglo era responsable ante el rey por el mensaje que entregaba. Cualquier alteración del mensaje se hubiera encontrado con castigo inmediato y destitución del oficio. Asimismo, predicadores del Evangelio rendirán cuentas por su ministerio. Así que nosotros, los predicadores hoy día, debemos “ser diligentes para presentarnos aprobados a Dios como obreros que no tienen de qué avergonzarse al usar correctamente la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).

Entonces, predicadores, ¿qué tal ese reto? A menudo cuando contemplo la gran responsabilidad de predicar, recuerdo las palabras de Pablo en 2 Corintios 2:16 al resumir él el ministerio de la predicación. Escribe, “Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” Ciertamente yo no soy suficiente, pero puedo descansar en la seguridad que se encuentra un poco más delante de que “nuestra competencia proviene de Dios” (2 Co. 3:5). Mientras nos dedicamos al estudio diligente de la Palabra de Dios y nos esforzamos con determinación a proclamar su palabra correctamente y con relevancia, Dios promete bendecir nuestro ministerio para su gloria y el crecimiento de su pueblo. Así que, hermanos, “prediquen la palabra”.

LA ORACIÓN Y EL MINISTERIO

Publicado 13/06/18

Pastor Diego Naranjo

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Hoy en día encontramos una gran cantidad de institutos y universidades que ofrecen programas en línea para pastores y maestros, que por sus ministerios y ocupaciones no pueden acudir de manera presencial a sus distintos campus; esto ha facilitado en gran manera la preparación de los potenciales pastores, y de los pastores en ejercicio, para poder ministrar eficazmente; sin embargo, un peso en mi corazón ronda frecuentemente al mirar los currículos de estudio, ya que ninguno de ellos, o muy pocos ofrecen una clase o un taller que hable sobre la imperante necesidad de la oración en el ministerio.

El problema, creo yo, es que todos hemos dado por sentado que el ministro está orando, empero, al igual que cuando estudiamos las diversas doctrinas bíblicas como la Soteriología o la Pneumatología, que al escudriñarlas el estudiante se apasiona por la grandeza de conocimiento que va descubriendo; si todos los que preparamos a pastores y maestros, valorásemos las profundas y cuantiosas enseñanzas bíblicas sobre la oración, probablemente dedicaríamos más tiempo a la enseñanza de la misma, y como consecuencia veríamos un número menor de deserciones en el ministerio, y pastores con mayor gozo y menos estrés.

Aún sigue siendo causa de profundo deleite el observar el pasaje bíblico de Hechos 6:1-4, pasaje que nos enseña sobre la designación de los primeros diáconos para la iglesia incipiente, pues desde el primer verso encontramos un llamado a todos los pastores a definir prioridades en sus ministerios.

Observemos el Texto:

“En aquellos días, como creciera el número de los discípulos hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria” (6:1).

Es verdad que el pastor promedio ejerce desde las funciones administrativas, pasando por las de estudio personal, evangelismo, visitación, consejería, discipulado, predicación, etc. para terminar el domingo cerrando las puertas del templo, y eso sin considerar que varios están laborando secularmente para poder sostener a sus familias; y cuando la obra crece, varias de estas tareas se multiplican, siendo la oración la que probablemente sufra las consecuencias de una vida agitada; el crecimiento de la iglesia naciente en Jerusalén, también podía causar un desvío en las prioridades de los apóstoles, pero no fue así, observemos cómo manejaron estos sabios hombres este evento.

“Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (6:2, 3).

No podemos realizar un estudio exegético del texto por la diversidad de temas a tratar, por lo que sólo mencionaremos que los doce apóstoles consideraron el crecimiento de la iglesia como una oportunidad para delegar funciones, pero sobre todo para recordar a toda la iglesia que ellos tenían dos ministerios que eran los más relevantes, la oración y la Palabra de Dios; vemos también que a estos dos ministerios les antecede el verbo “persistir,” siendo una mejor traducción “Ocuparse de continuo”, ocuparse de continuo en la oración y en la enseñanza de la Palabra.

Si bien el pasaje no dice el tiempo que debemos dedicar a la oración y el tiempo que debemos dedicar a la Palabra, sí encontramos versículos que nos amonestan a orar en todo tiempo:

“Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef. 6:18).

Ahora, si observamos con más atención el pasaje, la oración antecede al ministerio de la Palabra, debido a que, para enseñar la Palabra de Dios se requiere sabiduría, y si nos hace falta sabiduría debemos pedirla (Santiago 1:5), y la única manera de pedirle algo a Dios es a través de la oración. Lutero decía: “Haber bien orado, es más de la mitad estudiado”, por lo que deberíamos preguntarnos: ¿Estamos dedicando a la oración el mismo tiempo que le dedicamos a la preparación de mensajes, o a las otras actividades ministeriales?

Para finalizar es ineludible revisar el versículo 7:

“Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” (6:7).

Amados hermanos consiervos, pastores, maestros ¿cuántos libros se han escrito sobre el crecimiento de la iglesia y nosotros los hemos adquirido? ¿Cuánto tiempo dedicamos a los trajines diarios del ministerio? ¿Cuántos eventos, programas, etc. hemos creado buscando el crecimiento de la iglesia? Olvidando quizá que sin oración nada crecerá a la manera de Dios.

Que los apóstoles no descuidaran la oración dio como consecuencia que la palabra de Dios creciera y que el número de los discípulos se multiplicara grandemente en Jerusalén.

¡Es tiempo de volver a confiar en el único que puede dar crecimiento a nuestras iglesias, es tiempo de volver los ojos a él, y la única manera de hacerlo es persistiendo en la oración y en el ministerio de la Palabra!

“Los hombres mejores y más santos han hecho siempre de la oración la parte más importante de su preparación para el pulpito”. Charles Spurgeon.

SOBRE EL AUTOR: Diego Naranjo ha sido pastor por más de 12 años, tiene una Maestría en Estudios Bíblicos por Piedmont International University, ha estado casado 22 años y tiene 3 hijos varones. En la actualidad es el pastor principal de la Iglesia Cristiana “El Camino” en Cuenca, Ecuador.

Una Respuesta Bíblica a la Teología de la Prosperidad (Parte 2 – Salmo 90)

Publicado 30/05/18

Bruce Burkholder

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Una Respuesta Bíblica a la Teología de la Prosperidad (Parte 2 – Salmo 90) Los errores del Evangelio de la Prosperidad debilitan la fuerza de la iglesia latinoamericana y la claridad de su mensaje. Mientras que todos concordamos en que la pobreza es una condición terrible que tiene que ser abordada, aun por la iglesia, debemos asegurar que el mensaje que la iglesia da sobre dicho asunto sea fiel a la Palabra de Dios y coherente con el Evangelio.

El salmo 90 provee instrucción clara y pertinente al asunto. Mientras que no sea exhaustivo en su trato, el salmo claramente orienta al creyente a la realidad de la vida bajo la ira de Dios (v.9) y la verdadera fuente de satisfacción y gozo (vs. 14, 15).

1. Dios es eterno (vs. 1, 12) El señorío de Dios sirve como sujeta libros en este salmo. La naturaleza eterna del Dios de Israel se resalta en la primera sección. Su eternidad se enfatiza en cuatro maneras: Ha sido el refugio de Israel “de generación en generación” (v. 1), él es Dios “antes que naciesen los montes” (v. 2), antes que “formase[s] la tierra y el mundo” (v. 2), y “desde el siglo hasta el siglo” (v. 2).

2. El hombre es efímero (vs. 3-6) La transitoriedad del hombre y la eternidad de Dios, antes mencionada, están en yuxtaposición. En la perspectiva divina mil años es solo un momento. Es como una memoria de ayer, una vigilia de cuatro horas en la noche, un sueño, la rapidez de una inundación pasajera, y la temporalidad de la hierba nueva bajo el calor del mediodía. Cada una de esas metáforas comunica el mismo nivel de temporalidad. La existencia de la humanidad es corta. “Cada ser humano es como una gota en la gran corriente del tiempo”.

La brevedad de la vida no solo se compara con la eternidad de Dios, sino que también se atribuye a sus acciones. Casi no hay duda de que “vuelves al hombre hasta ser quebrantado” (v. 3) se refiera a la maldición sobre Adán en Génesis 3:19. Con tal declaración, Dios mismo se ve como la causa de la transitoriedad de la humanidad.

3. El hombre está bajo la ira de Dios (vs. 7-12) Ya que Dios ve, oye y conoce todo, nuestras “maldades [están] delante” de él y aun “nuestros yerros [están] a la luz de [su] rostro”, (v. 8). La reiteración de la ira de Dios (vs. 7, 9, 11) comunica el mensaje primario de esta sección. Así que, los setenta u ochenta años de la humanidad son breves. Pronto pasan y volarán (v. 10).

Mientras que la tendencia humana es hacer caso omiso a la naturaleza pasajera de esta vida, el salmista aquí ora por ayuda para “contar” con sabiduría sus días. Ciertamente esto se refiere a más que un mero conteo de los años, “el significado probablemente incluye las ideas de evaluación/juicio y cosas por el estilo. La vida no es solo para ser vivida; debe ser considerada, ponderada y comprendida. Esto produce un “corazón de sabiduría” (v. 12) para que vivamos de manera que nuestros días sean saludables y felices.

4. Petición por la gracia de Dios (vs. 13-17) En el v. 3, la humanidad se amonestó a “convertirse” y [retornar] a su Dios eterno. Ahora el salmista pide que Dios “vuelva” al hombre con gracia y que la ira de Dios se convierta en “compasión” (v. 13, RV89). Eso es exactamente lo que Moisés había pedido en Éxodo 32:12 “Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete [cede] de este mal contra tu pueblo”.

El salmo luego termina donde había empezado, reflexionando sobre, y descansando en, la morada eterna de Israel. No puede haber duda de que el pecado perturba, consterna y destruye. Pero la gracia de Dios está disponible para todos aquellos que acudan a él.

En el próximo artículo mencionaremos varias implicaciones que salen de este salmo.

Una Respuesta de Salmo 90 a la Teología de la Prosperidad (Parte I – Introducción)

Publicado 24/04/18

Bruce Burkholder

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Dios está haciendo una obra maravillosa en Latinoamérica. Como evidencia del poder sobrenatural de salvación para todos aquellos que creen (Romanos 1:16), la proclamación continua del Evangelio de parte de misioneros expatriados y creyentes nacionales ha resultado en una explosión de crecimiento evangélico en la región. Desde un número modesto de 700.000 creyentes evangélicos al principio del siglo veinte, actualmente nos regocijamos en estadísticas que muestran que Latino América es el hogar de más de 50 millones de personas que han nacido de nuevo y que se congregan en miles de iglesias evangélicas. Asimismo, muchos ministerios paraeclesiales se han establecido y muchos de los misioneros latinos ahora se están enviando a lo último de la tierra. Sí, Dios está edificando su Iglesia en América Latina (Mateo 16:18) y nosotros nos regocijamos juntamente con todos en el cielo por dicho crecimiento (Lucas 15:7). Sin embargo, un mayor escrutinio de este fenómeno de repente calmará nuestro entusiasmo. Al empezar a exponer las capas del crecimiento, el movimiento del Evangelio de la Prosperidad se ve como endémica a la región.

El Evangelio de la Prosperidad es aquella enseñanza falsa que relaciona la promesa de bendiciones terrenales a la fe. “Dios desea que los creyentes sean ricos físicamente, ricos materialmente y felices personalmente”. Estos ministerios no enfocan su atención primaria sobre las preguntas típicas abordadas en los sistemas teológicos evangélicos: ¿Quién es Dios? ¿Podemos conocer a Dios? ¿Hay vida después de la muerte? ¿Qué requiere Dios de nosotros? Al contrario, el Evangelio de la Prosperidad “habla a los deseos y necesidades materiales de gente que vive en un mundo en que el éxito se mide casi exclusivamente por afluencia y consumo”. De hecho, algunos han afirmado que Cristo mismo se gozaba de tales lujos durante su vida y ministerio. John Avanzini, un maestro del Evangelio de la Prosperidad, ha proclamado, “Jesús tuvo una casa bonita… una casa grande… Jesús manejaba grandes cantidades de dinero… y aun “se vestía de ropa de diseño”.

Un estudio del 2006 hecho por el Pew Forum on Religion and the Public Life (Un foro “Pew” sobre la religión y la vida pública) declaró que casi tres cuartos de todos los creyentes en Latinoamérica están de acuerdo en que “Dios otorga riquezas y salud a aquellos que tienen fe”. Morgan Lee cuantifica esta forma del Evangelio de la Prosperidad. Escribe que el 90% de los evangélicos de Guatemala y el 89% de los de Bolivia sostienen dichas enseñanzas. Ivan Enrique Mesa de la Gospel Coalition [Coalición Evangélica] escribe en cuanto a Puerto Rico, “Puerto Rico es un país totalmente cristianizado. Hoy, se pueden encontrar iglesias en casi cada esquina de la isla, conjuntamente con varias estaciones de radio y televisión, institutos y seminarios. Sin embargo, la mala teología del movimiento de la súper-fe y la prosperidad ha cubierto la isla de modo que ahora es la teología estándar entre la mayoría de la comunidad evangélica”. Tal vez aun más reveladora es una declaración dentro del Crusade Report [Informe de la Cruzada]: “In Latinoamérica, la Teología de la Prosperidad no es solo un sistema de creencias, sino que es la cultura en la que vivimos”.

• ¿Cómo les ha afectado a Uds. la enseñanza falsa de la teología de la prosperidad?

• ¿Qué pasajes de las Escrituras ha usado para refutar sus falsas afirmaciones?

• ¿Podría compartir un testimonio de alguien quien ha sido rescatado de esta herejía?

Esta situación debería ser de grande preocupación por todos los que han nacido de nuevo y especialmente por los creyentes que sirven en América Latina. La amonestación de Judas en el primero siglo acerca de aquellos que “convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 1:4) es igualmente válida en la actualidad. Nosotros, también, debemos “[contender] ardientemente por la fe” (Judas 1:3) siendo “retenedor[es] de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también [podamos] exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Tito 1:9).

En los próximos dos artículos, quisiera desarrollar una respuesta a la Teología de la Prosperidad, apoyándome en el salmo 90.

¡Permanezcan atentos y participen con sus comentarios!

EXIJAN TRABAJAR A SU PASTOR

Publicado 16/04/18

Diego Naranjo

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Hoy he visto, en varias redes sociales, páginas en las que algunas personas opinan que los miembros de la iglesia deben dejar de ofrendar y exigir que sus pastores trabajen. Muchos de estos comentarios han sido colocados por personas que no profesan el cristianismo, a los cuales no responderé; pues sé que lo hacen por ignorancia, en incredulidad; pero lo preocupante es ver que cristianos han caído en la misma afirmación, por lo que he creído conveniente presentar algunos puntos que todo creyente debería considerar:

HORARIOS DEL PASTOR

¿Cuántos de ustedes aceptarían un trabajo de lunes a domingo, con breves descansos entre semana, si es que no se presentan problemas, desde luego? Pues así es el “trabajo” del pastor, y digo “trabajo” porque según podemos observar algunos pasajes de la Escritura, llaman “trabajo” a la labor ministerial (Hechos 6:3; 2 Co. 11:23,27; 1 Co. 15:58; He. 6:10).

El pastor necesita dedicar diariamente tiempo apropiado para su edificación— orar, leer, estudiar y meditar en la Palabra de Dios. Y eso es algo que todo cristiano debe poner en práctica. Luego de eso viene la preparación de sus mensajes: En una ocasión le pregunté a un anciano erudito en el conocimiento bíblico, Hermano, basado en su experiencia, ¿cuántas horas debería tomarle al pastor preparar su sermón? Su respuesta fue inmediata y sin titubear, “cuarenta horas”. También escuché a John MacArthur mencionar que él consulta cuarenta comentarios bíblicos para la preparación de su predicación. ¿Has pensado en cuánto tiempo le lleva para terminarla? Es menester considerar que el pastor cada semana tiene que presentar un mensaje distinto, es decir, no lo puede repetir. Ahora deberíamos también recordar que no es la única enseñanza que el pastor imparte en la semana; pues generalmente todos ofrecen estudios bíblicos entre semana, consejerías, preparación de bodas, funerales, reuniones de planificación, reuniones ministeriales, visitación, etc. y ¿qué decir del estar dispuesto a cualquier hora por un problema conyugal?

LO QUE DICE LA BIBLIA

Quiero expresar mi respeto a todos los pastores en el mundo que están ejerciendo su ministerio de una manera bi-vocacional, o, en otras palabras, trabajan en lo secular y también ministran en sus iglesias. Dios los premiará por tan loable esfuerzo, pero lo que miro en la Biblia es un llamado a un ministerio a tiempo completo. El apóstol Pablo dice:

“¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Corintios 9:13-14)

La primera regla de la hermenéutica bíblica es la interpretación literal, o en sentido normal. Si nosotros interpretamos este pasaje de esa manera encontramos una orden, y la orden es: Si anuncias el evangelio, “vive” del evangelio.

Un pasaje que ha sido usado como apoyo para que el pastor trabaje secularmente es Hechos 18:3, en dónde vemos a Pablo trabajando en la confección de tiendas. Empero, quizá no hemos observado que posteriormente en el versículo 5, el doctor Lucas, inspirado por Dios, dice literalmente: “…se dedicaba del todo a la palabra…”, la RV 60 traduce: “…Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra…”, y la NVI afirma: “…Pablo se dedicó exclusivamente a la predicación…,” lo que nos enseña que Pablo trabajó en el oficio de hacer tiendas por un tiempo, pero posteriormente estaba dedicado a tiempo completo al ministerio.

RAZONES LÓGICAS

No podríamos dejar de mencionar ciertas razones lógicas, como son el hecho de que un trabajo cualquier que este fuere, sería realizado mucho mejor si se dispone de tiempo completo. Otra razón lógica es que la mente del pastor estaría enfocada el 100% en el ministerio, y no dividida en dos o más responsabilidades Y quizá una razón más es que el pastor daría el mejor de su tiempo al ministerio pastoral, y no cuando ya esté cansado, luego de una larga jornada laboral.

SALARIO DEL PASTOR

Este es uno de los temas más polémicos dentro de la iglesia y que ha causado muchos conflictos e incluso divisiones. Hay personas que creen que si el pastor vive en la miseria será un hombre más espiritual, lo cual no tiene nada de verdad. No podemos negar que hay individuos que han lucrado y se han enriquecido a través del ministerio pastoral. Sin embargo, ¿te has preguntado cuántos de esos hombres que se han enriquecido viven en tu ciudad? También deberías preguntarte ¿cuántos pastores que viven en tu ciudad sufren necesidades económicas, y en toda su vida no han logrado obtener ningún bien material? ¿Y cuántos pastores hay en el mundo que incluso han dado hasta su vida por amor a Jesucristo? Te aseguro que, si lo investigas, eso cambiará tu paradigma sobre la vida de opulencia que piensas que todos los pastores disfrutan.

Entonces, una buena pregunta sería ¿Cuánto debemos pagar al pastor? He observado varias maneras de calcular el salario del pastor. Algunas de ellas van desde el promedio del salario de los miembros de la iglesia, hasta (basados en 1 Timoteo 5:17-18, cuyo contexto habla sobre el tema) el doble de los ingresos promedios de la iglesia Otros han hecho una rigurosa y minuciosa investigación de las finanzas del pastor, al estilo Sherlock Holmes, (sin que falte por allí comentarios desatinados de cómo el pastor debe administrar su dinero) y han decidido cuánto debe ganar el pastor.

¿No sería una mejor manera de averiguar cuánto debe ganar tu pastor, preguntarle a él mismo? Quisiera acotar que es al pastor a quién acudimos para buscar soluciones para nuestros problemas espirituales, matrimoniales, de nuestros hijos; es decir, le confiamos lo más importante de nuestras vidas, y ¿no le podemos confiar en que nos diga la verdad, si le preguntamos cuánto necesita ganar? Si le confiamos las cosas espirituales, ¿dudamos sobre su honestidad respecto a lo material?

Si la iglesia puede acoplarse a las necesidades económicas requeridas por el pastor, la iglesia debe contratarlo. En el caso contrario, debe buscar otro siervo que se acomode a su presupuesto, (después de analizar los requisitos bíblicos del obispo, desde luego). Pero no se debe cuestionar la integridad del pastor. Si el pastor no es confiable en el manejo de sus finanzas, o no ha aprendido a gobernar su casa, entonces, ¿cómo podrá gobernar la iglesia de Dios? Si el pastor va a engañar respecto a sus necesidades financieras, de seguro va a engañar también en la enseñanza bíblica.

El ministerio pastoral es mucho más complejo de lo que se piensa, y el que tu pastor trabaje, o no, puede ser determinante para la vida de la iglesia. Comparte tú las cargas espirituales con tu pastor, pero ayúdale, también, con las cargas económicas de él. Al fin y al cabo, él cargará más.

SOBRE EL AUTOR: Diego Naranjo ha sido pastor por más de 12 años; tiene una Maestría en Estudios Bíblicos por Piedmont International University; está casado 22 años y tiene 3 hijos varones. En la actualidad es el pastor titular de la Iglesia Cristiana “El Camino” en Cuenca, Ecuador.